Euskadi Ta Askatasuna: los orígenes de ETA

por | PENSAMIENTO POLÍTICO

El origen de Euskadi Ta Askatasuna, de ETA, tuvo su germinación en las aulas universitarias, al calor de la frustración juvenil y de un anhelo profundo por revitalizar una identidad cultural que consideraban en peligro de extinción bajo el yugo de la dictadura franquista.

Pancarta y pintadas de Euskadi Ta Askatasuna (ETA)

Pancarta y pintadas de Euskadi Ta Askatasuna (ETA)

Lo que comenzó como un grupo de estudiantes dedicado a la promoción del euskera y a la difusión de la historia vasca, terminó derivando en una implacable espiral de violencia política en el País Vasco.

El significado de Euskadi Ta Askatasuna, la fundación de la organización

Para entender cómo se fraguó este movimiento, es imprescindible retroceder hasta el año 1952, cuando un reducido grupo de estudiantes universitarios, principalmente de la Universidad de Deusto en Bilbao, decidió formar un grupo de estudio y debate clandestino llamado EKIN (que en euskera significa «hacer» o «emprender»). Entre estos jóvenes fundadores destacaban figuras como Julen Madariaga, José María Benito del Valle, Txillardegi (José Luis Álvarez Enparantza) y, más tarde, Alfonso Irigoyen. El núcleo de sus reivindicaciones iniciales giraba en torno a la salvaguarda de la lengua vasca, la historia y la identidad nacional, las cuales sentían asfixiadas por la dictadura. Además, sentían una profunda insatisfacción con la pasividad y el inmovilismo de las generaciones anteriores, a las que acusaban de haber claudicado tras la derrota en la Guerra Civil.

Muchos lectores se cuestionan qué motivó la elección de su denominación final y, de hecho, para aquellos que se preguntan hoy que significa euskadi ta askatasuna, la respuesta literal es «País Vasco y Libertad». Sin embargo, el significado de euskadi ta askatasuna trascendía la mera traducción; representaba un grito de rebeldía, una declaración de intenciones que unía el concepto territorial y nacional con la emancipación política. Curiosamente, este no fue el primer nombre que barajaron. Durante sus reuniones clandestinas a finales de los años cincuenta, los fundadores consideraron otras nomenclaturas. Una de las opciones más fuertes fue EATA (Euskaldun Abertzaleen Ta Askatasuna), y otra fue ATA (Aberri Ta Askatasuna). Esta última fue finalmente descartada por un motivo puramente lingüístico y hasta anecdótico: en algunos dialectos del euskera, la palabra «ata» significa pato, lo cual restaba seriedad y solemnidad al movimiento revolucionario que pretendían construir. Así, en 1959, se decantaron definitivamente por Euskadi Ta Askatasuna, dando lugar al acrónimo ETA.

En este proceso de gestación, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) jugó un papel fundamental, aunque paradójico. EKIN, en sus primeros años, intentó confluir con EGI (Eusko Gaztedi Indarra), las juventudes del PNV (Partido Nacionalista Vasco). Durante un breve periodo a mediados de la década de 1950, ambas agrupaciones colaboraron, pero el choque generacional e ideológico fue inevitable. La dirección del PNV, conformada por veteranos en el exilio que confiaban en que las potencias aliadas derrocarían a Franco mediante la diplomacia tras la Segunda Guerra Mundial, mantenía una postura conservadora y expectante. Los jóvenes de EKIN, por el contrario, exigían acción directa, agitación en las calles y una ruptura total con el estatismo. Esta incompatibilidad llevó a una ruptura definitiva en 1958, precipitando la fundación independiente de ETA al año siguiente.

Es fundamental recalcar que, en sus albores, antes de transformarse en una banda armada, las acciones que llevaba a cabo la organización eran de carácter propagandístico y cultural. Su objetivo era despertar la conciencia nacional vasca. Realizaban pintadas en muros, colocaban Ikurriñas en lugares visibles de forma clandestina, distribuían panfletos y organizaban clases de euskera. A lo sumo, colocaban pequeños artefactos explosivos de fabricación casera, como petardos, en monumentos que exaltaban el régimen franquista, buscando un impacto mediático y simbólico, pero sin la intención de causar víctimas mortales. Era una fase de agitación y resistencia cívica que aún estaba lejos de abrazar el terrorismo ETA.

El contexto político y social, clave en la historia de Euskadi Ta Askatasuna (ETA)

Al analizar la historia de euskadi ta askatasuna, es imposible desvincularla de la opresiva realidad de la España de Francisco Franco, especialmente durante la década de 1950. A finales de esta época, el régimen comenzaba a abandonar las políticas de estricta autarquía para abrirse hacia un incipiente desarrollismo tecnocrático, cristalizado cuantitativamente en el Plan de Estabilización de 1959. Sin embargo, esta apertura económica no vino acompañada de una apertura política. La dictadura mantenía una represión férrea contra cualquier disidencia política, sindical o cultural. En el País Vasco, esta represión adquiría tintes particularmente severos, ya que el régimen se había empeñado en homogeneizar la cultura española, prohibiendo el uso público del euskera, censurando sus expresiones artísticas y persiguiendo cualquier atisbo de identidad foral. En este clima de asfixia, donde el castigo policial era la norma, se funda ETA, canalizando el resentimiento de una juventud que no había vivido la guerra, pero que sufría las consecuencias de la paz impuesta por los vencedores.

Pintadas en favor de ETA

Pintadas en favor de ETA

El sentimiento nacionalista vasco, no obstante, no era un fenómeno nuevo nacido en los años cincuenta; hundía sus raíces mucho más atrás en la historia de España. El nacionalismo vasco moderno había sido articulado a finales del siglo XIX por Sabino Arana, alimentado previamente por las cicatrices de las Guerras Carlistas y la posterior abolición de los fueros. Lo que ETA hizo fue recoger ese testigo histórico del nacionalismo aranista tradicional, pero despojándolo progresivamente de su marcado componente religioso y conservador, para adaptarlo a las sensibilidades de una nueva era. La industrialización del País Vasco en los años cincuenta y sesenta, que atrajo a decenas de miles de inmigrantes de otras regiones de España, transformó la demografía y la sociología de la región. Esto generó un escenario complejo donde la lucha por la identidad cultural colisionó y, paradójicamente, se entrelazó con las incipientes tensiones laborales de la época.

Además, este origen de ETA no puede aislarse de la efervescencia del contexto internacional. El mundo de la posguerra estaba inmerso en la Guerra Fría y atravesado por un fuerte componente de lucha de clases. Los movimientos de liberación nacional comenzaban a triunfar en los territorios coloniales, con ejemplos paradigmáticos que inspiraron profundamente a los jóvenes vascos, como el Frente de Liberación Nacional (FLN) en la guerra de independencia de Argelia, o la Revolución Cubana de 1959. Estos hitos internacionales demostraron a los fundadores de la organización que era posible desafiar a ejércitos regulares y Estados consolidados mediante la guerra de guerrillas y la movilización popular. El grupo terrorista vasco comenzó a permearse de estas ideas, convencido de que su situación bajo el franquismo era análoga a la de una colonia sometida, y que solo a través de una resistencia beligerante lograrían sacudir el letargo de su pueblo.

La bifurcación de ETA y el comienzo de la lucha armada

El tránsito hacia la violencia letal y la conformación de la organización terrorista ETA se materializó durante la década de los años sesenta, una época marcada a nivel global por la rebelión y el cuestionamiento del orden establecido. A medida que avanzaba la década, culminando en los históricos eventos de mayo del 68 en Francia, el mundo presenciaba protestas estudiantiles masivas, la oposición a la guerra de Vietnam y la expansión de las guerrillas de corte marxista en América Latina. Todo este caldo de cultivo ideológico empapó a la militancia vasca. Euskadi Ta Askatasuna comenzó una deriva radical, incorporando elementos del marxismo-leninismo y del tercermundismo a su ideario puramente nacionalista. La influencia de obras teóricas como el libro «Vasconia» de Federico Krutwig, publicado en 1963, fue determinante. Krutwig teorizó sobre la necesidad de aplicar la guerra revolucionaria e introdujo el concepto de la espiral de «acción-represión-acción», un perverso mecanismo estratégico que cambiaría para siempre el rumbo del grupo.

Esta amalgama ideológica entre el socialismo revolucionario y el nacionalismo radical provocó profundas tensiones internas, llevando a una división de ETA de la que surgirían distintas facciones. El punto de inflexión fue la V Asamblea, celebrada en varias fases entre 1966 y 1967. En este cónclave, las posturas chocaron frontalmente. Por un lado, estaban los sectores más obreristas y antinacionalistas, que priorizaban la lucha de clases a nivel estatal y terminaron escindiéndose para formar ETA Berri (Nueva ETA). Por otro lado, estaban los sectores puramente culturalistas, liderados por figuras de la vieja guardia como Txillardegi, que rechazaban la adopción del marxismo y terminarían apartándose. Finalmente, el sector hegemónico que se consolidó (conocido temporalmente como ETA Zarra o ETA V) logró una fusión teórica: el pueblo vasco era la clase obrera oprimida, y la liberación nacional era inseparable de la revolución socialista. Sus reivindicaciones exigían la independencia, la implantación de un Estado socialista y la amnistía política, justificando cualquier medio para alcanzar estos fines.

El brazo de la lucha armada ETA surgió bajo la premisa de que la represión del Estado franquista era tan brutal que la única respuesta válida, y el único catalizador capaz de despertar la conciencia de las masas adormecidas, era la violencia política en el País Vasco. La teoría de «acción-represión-acción» dictaba que un atentado de ETA provocaría una represión indiscriminada por parte de las fuerzas de seguridad del Estado sobre la población vasca, lo que a su vez generaría indignación ciudadana, sumando más apoyo social y nuevos militantes al grupo separatista, perpetuando así un ciclo destructivo.

¿Cuándo empezó ETA a matar? La línea sin retorno se cruzó en el año 1968, consolidando su estatus de banda armada. El 7 de junio de ese año, el guardia civil gallego José Antonio Pardines fue asesinado a tiros en un control de carreteras en Guipúzcoa por el militante Txabi Etxebarrieta. Aunque este primer asesinato letal no fue planificado, sino fruto de un encuentro fortuito, abrió la veda de sangre. Etxebarrieta fue abatido poco después por la Guardia Civil, convirtiéndose en el primer «mártir» de la organización, lo que exacerbó los ánimos. Apenas dos meses después, el 2 de agosto de 1968, se produjo el primer asesinato premeditado y meticulosamente planificado por la cúpula: la ejecución de Melitón Manzanas, jefe de la Brigada Político-Social de Guipúzcoa y conocido torturador del régimen. Este atentado marcó el punto de no retorno. A partir de ese momento, la lucha armada ETA se convirtió en el eje central de su estrategia, inaugurando una oscura y trágica era de terrorismo ETA que perduraría durante medio siglo y cobraría la vida de más de ochocientas cincuenta personas.

 

Bibliografía Académica

  • Elorza, A. (Ed.). (2000). La historia de ETA. Ediciones Temas de Hoy.
  • Fernández Soldevilla, G. (2016). La voluntad del gudari: Génesis y espejismos del terrorismo de ETA. Alianza Editorial.
  • Domínguez Iribarren, F. (1998). ETA: Estrategia organizativa y actuaciones. Editorial Ariel.
  • Garmendia, J. M. (1996). Historia de ETA. R & B Ediciones.

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